Cuando el tiempo se hace pequeño
En el post anterior conocimos las cuatro figuras principales: redonda, blanca, negra y corchea. Aprendimos que cada una dura exactamente la mitad que la anterior, y que ese principio proporcional es la base de toda la lectura rítmica.
Ese principio no se detiene en la corchea. La misma lógica continúa hacia duraciones cada vez más breves: la semicorchea dura la mitad que la corchea, la fusa dura la mitad que la semicorchea, y la semifusa dura la mitad que la fusa. El sistema es coherente hasta el extremo: siempre la misma relación, siempre la misma proporción, solo que aplicada a fragmentos de tiempo cada vez más pequeños.
Si la redonda es un largo aliento sostenido, la semicorchea es un destello. Y la semifusa, casi un pensamiento.
La semicorchea es la figura más frecuente de las tres. Dura la mitad que una corchea: un cuarto de tiempo. En un compás de cuatro tiempos, caben dieciséis semicorcheas. Visualmente se distingue de la corchea por tener dos banderas en la plica —o dos barras cuando aparecen agrupadas—.
Para el guitarrista, la semicorchea es el territorio de los riffs rápidos, los arpeggios veloces y los solos de velocidad media-alta. Cuando practicas una escala a tempo moderado con el metrónomo y tocas cuatro notas por tiempo, estás tocando semicorcheas. Cada clic del metrónomo se divide en cuatro ataques iguales.
Un ejercicio útil: toma el mismo ejercicio del post anterior —una sola nota, la primera cuerda al aire— y añade ahora dieciséis semicorcheas. Cuenta en voz alta: uno-e-y-a, dos-e-y-a, tres-e-y-a, cuatro-e-y-a. Esa subdivisión de cuatro sílabas por tiempo es la forma estándar de contar semicorcheas en la pedagogía de la guitarra moderna.
La fusa dura la mitad que la semicorchea: un octavo de tiempo. En un compás de cuatro tiempos caben treinta y dos fusas. Lleva tres banderas —o tres barras— en la plica.
La fusa no es rara, pero su aparición en el repertorio suele estar asociada a pasajes de alta velocidad o a ornamentaciones detalladas. En la guitarra clásica aparece en obras de Sor, Giuliani o Tárrega cuando el compositor quiere indicar un movimiento muy rápido dentro de un pasaje expresivo. En el jazz se usa ocasionalmente en solos muy veloces o en transcripciones de improvisaciones de bebop.
Lo importante no es memorizarla como figura de uso cotidiano, sino reconocerla cuando aparece y entender que sigue exactamente la misma lógica proporcional: la mitad de la semicorchea, el doble de rápida.
La semifusa dura la mitad que la fusa: un dieciseisavo de tiempo. Cuatro banderas en la plica. En un compás de cuatro tiempos caben sesenta y cuatro semifusas.
A tempo moderado, la semifusa es ya casi un trino: la velocidad requerida supera la capacidad de ataque consciente de la mayoría de los guitarristas. Por eso su uso práctico es muy limitado y aparece principalmente en música orquestal o en instrumentos de teclado. En la guitarra tiene sentido sobre todo en tempos lentos o como indicación aproximada de ornamentación libre.
El sistema teórico podría continuar indefinidamente —siempre la mitad, siempre dos banderas más— pero el oído humano tiene límites, y la práctica musical los respeta.
Cuando varias figuras con banderas aparecen consecutivas, las banderas se sustituyen por barras horizontales que unen las plicas. Una barra equivale a una bandera de corchea, dos barras a semicorchea, tres a fusa, cuatro a semifusa.
Esta agrupación visual hace la partitura mucho más legible: en lugar de ver una nube de banderas individuales, el ojo agrupa los valores de forma inmediata. En la guitarra, esta agrupación también refleja cómo se ejecutan los ataques: las notas unidas bajo una misma barra suelen interpretarse en un mismo movimiento o en una misma subdivisión del tiempo.
Para fijar la relación entre todas las figuras, este es el árbol completo: redonda (4 tiempos), blanca (2 tiempos), negra (1 tiempo), corchea (½ tiempo), semicorchea (¼ tiempo), fusa (⅛ tiempo), semifusa (1/16 tiempo). Cada nivel es exactamente la mitad del anterior.
La proporción entre cualquier par de figuras se puede calcular de inmediato: una redonda vale dieciséis semicorcheas, una blanca vale ocho, una negra vale cuatro. El sistema es, en su estructura, perfectamente binario.
Las figuras rítmicas nos dicen cuánto dura cada nota. Pero hay algo que todavía no hemos nombrado: el silencio. La pausa también tiene duración, también tiene valor, también se escribe en la partitura. Y en la guitarra —donde las cuerdas resuenan por inercia— saber cuándo y cómo callar es tan importante como saber cuándo atacar. En el siguiente post, el silencio toma protagonismo.
La rapidez no es virtuosismo. Virtuosismo es hacer audibles las proporciones a cualquier velocidad. — Wanda Landowska
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